lunes, 28 de junio de 2010

Remelluri, donde también se come...

Las bodegas Remelluri son unas de las más interesantes para visitar en la zona de La Rioja, no sólo por su 105hectáreas de viñedo sino porque el proceso aún conserva algunas técnicas para emocionar a los nostálgicos como la recogida de la uva en pequeñas cantidades (para no aplastar las primeras), el pisado en un antiguo lagar, la "clarificación" del vino con claras de huevo y las barricas de madera. Aquí una vista del viñedo:




Una maqueta de la granja otrora santuario de Toloño

Los días de invierno con ese toque cinematográfico maravilloso, especialmente al norte de España, aquí arriba la entrada al comedor.
La visita comienza con un recorrido guiado por la bodega en la que explican los pasos de la creación del Remelluri, uno de los vinos más famosos de la DO de por estos lares.
Fuego maravilloso que le da un sabor delicioso a las chuletas de cordero.
Chuletas de cordero en las brasas...

Morcillas de la zona, a la parrilla deliciosas!
Espárragos con aceite, vinagre y ajo. A un buen producto no hace falta echarle mucho.
Cuando el aceite es tan amable no importa hacer una piscina con él y bañar lo que queramos, en este plato fue con el propio aceite Remelluri que desafortunadamente no se vende al público.
Las porciones para dos personas eran generosas, no obstante, la cocina para los 37 euros por persona que se paga (la visita a las bodegas es gratuita) decepciona en cuanto a originalidad. Digamos que parece un comedor (maravilloso claro está) de los que abundan por el norte de España y pero esperábamos algo más innovador.
Pimientos asados. Deliciosos, una apuesta segura y muy saludable de la cocina tradicional española.Una "pequeña"vasija de papas al chorizo ¡deliciosas! aunque el pan que las acompañaba no tenía el mínimo nivel para estar en la mesa, era pan de supermercado que comenzaba a endurecerse. Error imperdonable en una de las zonas emblemas de la gastronomía de España.

Un close up de la grasa que ingerimos. Lo bueno es que era invierno y se echan en falta calorías para calentar el cuerpo.
El postre que -como no podía ser de otra manera- estaba compuesto de peras al vino con un helado de nata, perfecto porque no estaba empalagoso.
El final con aperitivo, café, vistas maravillosas y buena compañía. Lo mejor: la vista que conseguimos una vez que pedimos que nos apartaran de la zona de fumadores (imperdonable que aún exista por el precio del menú y en un lugar en el que se supone la gente va a apreciar las cualidades de un caldo de la categoría Remelluri). Fueron muy amables pero como ven nos tocó un mantel sin planchar...
Vista del viñedo... la comida se extiende mucho rato y por fortuna no los echan después de comer pero los que aún después de la sobremesa no se atreven a conducir pueden "esperar"frente a este paisaje.
Un momento para hacerse la promesa de volver. Ojalá para la vendimia.