lunes, 28 de junio de 2010

Inside Zaranda

Una noche en el restaurante Zaranda en su extinta versión madrileña (acaba de mudarse al Hilton de Mallorca) Aquí cómo Fernando Pérez Arellano su variopinto equipo defiende su estrella Michelin...

El chef, Fernando Pérez Arellano (un madrileño treinteñero) abrió el "primer" Zaranda en 2005, dos años más tarde lo mudó y lo amplió, el resultado: distinciones como Restaurante revelación por Food & Wine, el "Grande de Mañana"del congreso Lo mejor de la Gastronomía y hace un par de años una estrella Michelin.

Su equipo es multicultural por lo que Arellano durante el servicio llega a hablar hasta tres idiomas.

Este vapor hace que se acentúen las rudas condiciones dentro de una cocina el resultado en la próxima foto:
El rostro de nuestro amigo asiático tiene partes en las que ha abusado del "peeling".Los platos son examinados por varios del equipo antes de salir, incluso se llega a evaluar lo similares que pueden ser entre sí las porciones y la temperatura a la que se encuentra la losa.
La mesa de calor, aquí se pueden montar los platos y mantenerse caliente al igual que las cabezas de los cocineros una vez que se meten bajo la rejilla. Aquí el origen de muchas enfermedades de las que sufren los cocineros por la exposición permanente al calor...
Una de las entradas estrellas con jamón y crujiente dulce.
El chef de la mano de su "hombre de sala", tal cual como un director de películas, de hecho nótese las pantallas detrás, (reflejaban lo que ocurría en cada mesa)...la pregunta es: ¿es legal tener a los clientes bajo cámaras de seguridad? al menos con eso el chef logra tener el "timing" de lo que ocurre en cada mesa y sabe cuando exactamente enviarle el siguiente plato y sobre todo saber qué reacción tiene cada uno...ventajas de la tecnología...Un entrante (apuesta segura), pulpo confitado.
Órdenes van y vienen, poquísimos momentos de calma...
Menos momentos para bromear pero los hay...
Lo que sobran son instantes de muchísima tensión, la velocidad en el backstage quintuplica la del salón...
La mejor de las pruebas de que se están haciendo las cosas bien, aquí ya dentro del ascensor que transporta los trastos hasta el piso de abajo dónde se lavan...
El centro de una de los momentos más tensos, se trataba de una tarta de corazón líquido pero en su versión de dulce de leche...pero antes de "salir a escena" se rompía y se acaba la sorpresa ¿la solución? más intentos...
Aquí dos más que también se rompieron...muchaaa tensión, se solventó con postres gratis para toda la mesa! Una de las hipótesis: el azúcar que se usó, un cambio en la ecuación que se pagó en pleno servicio.

Nuevo postre preparado para salir a escena.
Un refrescante sorbette de sandía que seguro no disgustó a los comensales.
Petir fous para el café, estos salidos del "salón helado" donde el pastelero trabaja.

Una de las piezas de este reloj suizo: la encargada de lavar los trastos, italiana, otrora actríz, nos regaló una sonrisa...
Lavar y secar es parte de la rutina, antes de terminar todo debe estar en su orden, ni un sólo trasto sucio en el fregadero.
Ni uno solo fuera de orden...
El final: limpiar cada quien su estación.

Remelluri, donde también se come...

Las bodegas Remelluri son unas de las más interesantes para visitar en la zona de La Rioja, no sólo por su 105hectáreas de viñedo sino porque el proceso aún conserva algunas técnicas para emocionar a los nostálgicos como la recogida de la uva en pequeñas cantidades (para no aplastar las primeras), el pisado en un antiguo lagar, la "clarificación" del vino con claras de huevo y las barricas de madera. Aquí una vista del viñedo:




Una maqueta de la granja otrora santuario de Toloño

Los días de invierno con ese toque cinematográfico maravilloso, especialmente al norte de España, aquí arriba la entrada al comedor.
La visita comienza con un recorrido guiado por la bodega en la que explican los pasos de la creación del Remelluri, uno de los vinos más famosos de la DO de por estos lares.
Fuego maravilloso que le da un sabor delicioso a las chuletas de cordero.
Chuletas de cordero en las brasas...

Morcillas de la zona, a la parrilla deliciosas!
Espárragos con aceite, vinagre y ajo. A un buen producto no hace falta echarle mucho.
Cuando el aceite es tan amable no importa hacer una piscina con él y bañar lo que queramos, en este plato fue con el propio aceite Remelluri que desafortunadamente no se vende al público.
Las porciones para dos personas eran generosas, no obstante, la cocina para los 37 euros por persona que se paga (la visita a las bodegas es gratuita) decepciona en cuanto a originalidad. Digamos que parece un comedor (maravilloso claro está) de los que abundan por el norte de España y pero esperábamos algo más innovador.
Pimientos asados. Deliciosos, una apuesta segura y muy saludable de la cocina tradicional española.Una "pequeña"vasija de papas al chorizo ¡deliciosas! aunque el pan que las acompañaba no tenía el mínimo nivel para estar en la mesa, era pan de supermercado que comenzaba a endurecerse. Error imperdonable en una de las zonas emblemas de la gastronomía de España.

Un close up de la grasa que ingerimos. Lo bueno es que era invierno y se echan en falta calorías para calentar el cuerpo.
El postre que -como no podía ser de otra manera- estaba compuesto de peras al vino con un helado de nata, perfecto porque no estaba empalagoso.
El final con aperitivo, café, vistas maravillosas y buena compañía. Lo mejor: la vista que conseguimos una vez que pedimos que nos apartaran de la zona de fumadores (imperdonable que aún exista por el precio del menú y en un lugar en el que se supone la gente va a apreciar las cualidades de un caldo de la categoría Remelluri). Fueron muy amables pero como ven nos tocó un mantel sin planchar...
Vista del viñedo... la comida se extiende mucho rato y por fortuna no los echan después de comer pero los que aún después de la sobremesa no se atreven a conducir pueden "esperar"frente a este paisaje.
Un momento para hacerse la promesa de volver. Ojalá para la vendimia.

Bollywood en Madrid, Lavapies embajador de la cocina India

Un día dedicado a Bollywood, la industria cinematográfica de mayor recaudación del mundo. La plaza Agustín Lara sirvió para que grupos de danza inspirados en este universo mostraran su ritmo y colorido. También para degustar rica comida india en la plaza de Lavapies a un euro el plato. Ojalá se repitiera más a menudo! recuerda a los residentes y turistas lo deliciosa de esta gastronomía...aquí algunas foticos.

Galleticas saladas, ideales para acompañar los jugosos currys que se ofrecieron.
Bhajis o bhujia, cebolla frita con vegetales. Se puede combinar con chutney o con salsa de yogurt y menta. Lo delicioso de los restaurantes de Lavapies es descubrir las recetas que dispone cada uno del mismo plato.
Samosas, empanadillas triangulares típicas de Asia, Tibet y Pakistan, pueden estar rellenas de patatas o vegetales.
Rica comida y hermosos saris!

Colección de empanadillas, pinchos de carne, vegetales. Lavapies uno de los barrios "más catizos" limpia su fama a través de estas iniciativas. Enhorabuena a los "multisápidos"vecinos.
Pinchos de vegetales fritos con harina saborizada. Echamos de menos una comida menos calórica auqnue entendemos que las frituras son de lo que mejor se conservan en la exhibición.
Este año los platos estaban identificados lo cual supone un "upgrade" con respecto a los anteriores "Bollywood en Madrid". Este Festival se vuelve una cita para irse de tapas exóticas durante las tardes del fin de semana...

Los tatuajes de Henna con lo que se adornan las mujeres en India, pura coquetería!

Shabu Shabu, no todo es pescado crudo...

Hall de restaurante Oshima en el barrio de Shinjuku, silencioso, diáfano...como curiosidad: el último servicio suele ser alrededor de las 9 de la noche.

Aperitivos, una torta semidulce con una salsa de sésamo y licor.
Rico y refrescante licor de cereza para abrir los sentidos.

Todo listo para el Shabu shabu, un plato reciente, pues la carne (en este caso de buey) se incorporó reciente a la dieta japonesa alrededor de los años 40 cuando se pensó que ayudaría al desarrollo de mayor estatura en la población y los volvería más competitivos en el mundo.
Si bien el plato se "cocina"en mesa, suele haber una asistenta con su kimono dispuesta a hacer los primeros pasos. Lo primero es dejar que el agua se saborice gracias a un poco de alga Kombu que se le ha agregado, justo antes de hervir se retira.
Se trata de carme de primera calidad, la textura es muy parecida al carpaccio, con grandes venas de grasa, es considerado una delicatés.

Un suave moviento en el agua caliente la cocina.

Se introduce breves segundo en el agua caliente (a la cual se le han agregado algunos vegetales) para cocinarla. El nombre del plato (shabu shabu) viene justamente del sonido que hace el agua al hervir.

Lástima que salió densenfocada esta foto, pero la idea es ver la textura ligerísima de esta carne que casi se deshace al tratar tomarla con los hashis.
Detalle de los champiñones que se le agregan al agua hirviendo para cocer juntos a los Fideos celofán.

Una vez que ya no hay carne se procede a comer los fideos ya cocidos.
Delicado helado de Yuzu, el famoso cítrico japonés, que tiene un sabor entre la naranja y la mandarina.

Como curiosidad, la carne del shabu shabu (también se puede hacer en otra recetas) en el supermercado, el valor de una bandeja alrededor de los 15 euros.
Un plato de shabu shabu por persona puede rondar los 35 euros en un restaurante tokiota. Pero vale la pena, recomendado como plan obligado en una visita a Tokio. ¿Total? Nunca se sabe cuando se podrá volver...

miércoles, 23 de junio de 2010

Búscame en Facebook


Chicos, antes de sacar la nueva versión de mi blog los invito a pasarse por mi "perfil gastronómico"en Facebook. Allí me resulta más fácil por ahora subir todas las actualizaciones gastrononómicas, los espero por allí, mil gracias por el apoyo, Helen.

viernes, 21 de mayo de 2010

Caminito de recuerdos

En el barrio de Shinjuku se esconde un laberinto de calles antiguas, bajo enmarañados cables de electricidad con comederos de este estilo en los que la estrella es el Yakitori, los pinchos de carne, cerdo y vegetales cocidos al carbón.
Es una oportunidad para compartir mesa con japoneses, que se sientan a comer solos después de salir del trabajo.

Le agregan una salsa parecida a la teriyaki pero un poco más ligera. Con una botella de sake resulta una manera de "comezar" una cena que puede extender por otro de estos comederos (algunos tienen barras de sushi o noodles).

Este espectáculo tiene lugar en un callejón paralelo a calle repletas de neón y alta tecnología.

Unos ricos pinchos con los que disfrutar la "oscuridad"de Tokio, que también la tiene y es igual de fascinante que sus zona de luces y colores.